Por: Gonzalo Córdova

Uno de los aprendizajes más grandes para mi como persona y por supuesto como coach en la vida, ha sido el aprendizaje emocional.

Es decir, desarrollar la capacidad de escuchar, sentir y apreciar los mensajes que nos envían las emociones a través de nuestro
cuerpo. Recuerdo que en mi niñez escuché varias veces comentarios hacia mi persona que decían, "es muy sentimental, siente mucho, se emociona mucho".  Y, sinceramente yo no entendía a qué se referían sin embargo recuerdo con claridad que me lo tomaba personal, me sentía ofendido, como si yo estuviera haciendo algo malo.


Cuando aprendemos a conectarnos con nuestras emociones no hacemos nada, ni bueno ni malo, sino que somos de una forma particular. Ser de una forma u otra es más grande que hacer las cosas de una forma u otra.

Deseo hablar hoy de la gratitud como emoción fundamental y esencial y para llegar allá es necesario ver el campo emocional que nos
configura en la vida, desde que llegamos a ella. Desde ese inicio, desde nuestro nacimiento ya nos espera la vida con una cascada de emociones que nosotros hemos de aprender, o no. Por ejemplo nuestra mamá nos abraza, nuestro papá nos llena de besos, nuestros abuelos nos hablan de una forma particular y ese viaje emocional continúa toda la vida, incluso cuando partimos de este mundo los que se quedan habitan ciertas emociones con nuestra partida.
De pequeños experimentamos las emociones completamente, con absolutamente todos nuestros poros, todo nuestro ser, de manera que si lloramos lloramos intensamente, y si reímos sacudimos nuestras extremidades con una gran sonrisa. Lo que ocurre progresivamente es la disminución de esas expresiones exacerbadas un poco por lo social y otro poco por la imagen que vamos construyendo con el deber ser y el debería, hasta llegar a la edad adulta donde nos convertimos en personas muy serias que no deberían expresar sus emociones y menos en público.
Reconozcamos que el mundo emocional, en muchos casos, esta supeditado a las circunstancias externas y únicamente cuando nos sentimos seguros y en privado es que expresamos nuestro sentir. Otro factor interesante es que nos enseñan que las emociones
son negativas y positivas de modo que hay algunas que son buenas y otras malas. Por ejemplo la tristeza es mala dependiendo de nuestra cultura, la rabia es pésima, el erotismo lo hemos reducido al sexo y el miedo es de cobardes. Una nueva manera de ver a las
emociones es a través del cristal de la neutralidad. Imaginemos una pila, una batería neutra que adquiere su carácter positivo o negativo dependiendo de nuestra forma de interpretar aquello que nos ocurre.


Para iniciar nuestro camino a la gratitud, imaginemos dos personas barriendo la calle. Ambas personas con el mismo uniforme, misma escoba, mismas circunstancias, misma calle, misma basura sin embargo uno de ellos silva, canta, sonríe y termina su trabajo con una gran satisfacción. La otra persona también barre y se queja, gruñe, bufa, se enfada, dice groserías, se siente miserable de hacer ese trabajo y tan pronto termina avienta la escoba y espera nunca regresar a hacer lo mismo.

La diferencia sustancial en estas dos personas reside en la manera de experimentar su mundo emocional, producido por sus interpretaciones de aquello que tienen de frente, en este caso, barrer.
Hablemos entonces de la gratitud y miremos cómo nos constituimos en personas que la practican. Entendamos que la gratitud es la emoción que nos visita cuando tenemos el juicio de que es un privilegio el estar vivos. La gratitud es una emoción que puede surgir
en cualquier momento, en cualquier lugar sin embrago cuando la gratitud se convierte en un estilo de vida se transforma en un estado de ánimo.

Atestiguar a los demás en ese estado de ánimo es una experiencia hermosa pues nos damos cuenta que todo aquello que les rodea es un excelente motivo para disfrutar del privilegio de estar vivos. El aire que respiramos, el poder ver con los ojos, el tener una boca que disfruta de los alimentos, el tacto que nos permite acariciar y sentir las mejillas de nuestros hijos, la respiración que nos mantiene vivos, el oído que nos deja escuchar las notas de una canción que nos lleva a nuestra adolescencia, la llamada inesperada de un amigo que nos hace recordar que somos parte de una comunidad.
Estos son los regalos que la gratitud y como podemos ver, son infinitos pues la gratitud, tiene la particularidad de que no espera nada a cambio, no existe un intercambio necesario para manifestarse.
¿Qué nos permite esta emoción? ¿Cómo la cultivamos? ¿Para qué nos sirve en el mundo de hoy? ¿Para que nos sirve en nuestra profesión y en el mundo organizacional?
La gratitud nos permite movernos a un mundo donde es suficiente estar vivos y esto es muy liberador para muchas personas que sufren profundamente ante la aparente necesidad de tener que crecer más, ganar más, hacer más, etc.
La gratitud se cultiva como cualquier otro músculo del cuerpo. Es necesario tenerla presente y practicarla y para esto es necesario ver lo que si tenemos y no lo que no tenemos. La manera más difícil de traer la gratitud a nuestra vida es ver aquello que nos hace falta, aquello que no hemos logrado. Por el contrario si vemos aquello que somos, aquello que tenemos, aquello que hemos conquistado, nos movemos a la gratitud.

En el mundo de hoy, la gratitud es extremadamente importante pues nos va a regalar una visión más panorámica de nosotros y los demás, nos permite valorar y validar al otro por lo que es, no por lo que tiene, nos permite celebrar los encuentros de manera nutrida sin
esperar algo a cambio.
En nuestra profesión y en la organización nos permite, paradójicamente, crecer más pues ponemos atención a aquello que no cambia o cambia menos: el factor humano. Vemos con mayor claridad lo que nos importa y lo que deseamos cuidar de fondo y esto nosconvierte en empresas y profesionales conscientes.

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